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El respaldo al independentismo deja a la economía catalana en la encrucijada

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“Malo para Cataluña y para España”. En estos términos se expresaba un miembro de la patronal tras conocer los resultados de las elecciones. El hecho de que Ciudadanos haya ganado en votos y escaños, pero la mayoría absoluta quede en manos del bloque independentista, alienta de nuevo la incertidumbre económica.

La posibilidad de que el bloque ‘indepe’ pueda continuar con su hoja de ruta separatista traerá consigo las dudas de los inversores. Esto significa que el dinero hará cumplir la máxima de que es miedoso y comenzará a buscar nuevos acomodos.

A primera hora de la mañana, el analista internacional Nicholas Sphiro explicaba a EL ESPAÑOL que “el resultado plantea más preguntas que respuestas”. Reconoce que “demuestra que la sociedad catalana está amargamente dividida, y es muy posible que la crisis política continúe afectando a la economía”.

De hecho, las patronales empresariales temen que comience el repunte de empresas que abandonan Cataluña en busca de certidumbre y seguridad jurídica. Es decir, que se sumarán a las más de 3.120 compañías que ya han salido de la región.

Un análisis en el que coincide Josep Bou, presidente de la Asociación de Empresarios de Cataluña, quien considera que “ahora reina la zozobra para ver qué va a ocurrir”.

Se pregunta si habrá un Gobierno de JPS, ERC y las CUP -con hoja de ruta independentista- o si, por el contrario, se optará por una negociación “dentro del marco constitucional”. Sea como sea “esto no hace nada más que perjudicar la economía”, sentencia.

Planes de contingencia

Postura que comparte el economista Daniel Lacalle quien lamenta no haber escuchado “mensajes inclusivos y de compromiso con la inversión. ¿Tú invertirías ahora mismo en Cataluña? Es la pregunta que hay que hacerse”, responde.

Los principales expertos en economía consideran que habrá un impacto directo en el empleo, pero también sobre la inversión que ya está muy tocada.

Basta recordar los últimos datos que reflejan un descenso del 75% en la inversión extranjera durante el tercer trimestre del año. Y por si fuera poco -y como ocurrió en Quebec- esa presión independentista hará ralentizar el crecimiento económico catalán en varias décimas respecto al de España.

La economía real

No puede olvidarse tampoco que ya hay compañías que tienen preparados planes de deslocalización en caso de que la situación empeore. Todo esto es “un suma y sigue” en palabras de Bou. Y no puede olvidarse que las principales compañías catalanas, con Caixabank y Sabadell a la cabeza ya se han marchado y no volverán-.

Ahora mismo está en juego el tejido inversor y empresarial, pero eso terminará afectando a la economía real: al consumo, a la vida de la gente, explican. Todo ello influirá en la evolución del PIB catalán, que va camino de encontrarse en una encrucijada.

La incertidumbre, la caída del turismo, el descenso del consumo, y los cambios en la economía europea, que pronto dejarán de empujar desde la cola y habrá que volar solos.

Las previsiones

El think tank de la patronal, el Instituto de Estudios Económicos, hacía una estimación -basado en el ejemplo de Quebec, donde la presión independentista es muy fuerte-. Sus cálculos dicen que Cataluña -según estimaciones de crecimiento de PIB para España- tendría un avance bastante inferior.

Plantea para ello varios escenarios. Un primero en el que el PIB de la región crezca tres décimas menos que el del resto del país. Así que en una década el PIB sería un 2,9% inferior que si no existiera incertidumbre; un 7,1% en 25 años y un 13,7% pasados cincuenta años.

El otro escenario plantea un crecimiento seis décimas inferior al de España. Y eso supondría que el PIB sería un 5,7% menos en 10 años; un 13,7% tras 25 años y un 25,5% pasados cincuenta años. Ojo, no es que decrezca, es que “su bienestar económico sería muy inferior en una situación de incertidumbre prolongada”.

Ahora sólo queda esperar a la evolución de los políticos y sus negociaciones. La empresa, mientras tanto, seguirá haciendo sus planes; al igual que el ciudadano que -a buen seguro- comenzará a reducir su gasto en previsión de lo que pueda estar por venir.

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